La oscuridad de la noche no permitía ver nada excepto los destellos de luz artificial que conseguían que las pupilas recibiesen un pequeño haz de luz para poder comprobar que la ceguera que sentía era temporal, no definitiva.
Con las legañas todavía en los ojos consiguió introducir la llave en la cerradura izquierda del coche para ser capaz de abrir la puerta que separaba la fría noche y oscuridad en la que se encontraba del cómodo sillón en el que se encontraría en solo un minuto.
El antiguo motor del auto comenzaba a rugir consiguiendo despertar a todos los animales que dormían plácidamente en el bosque que rodeaba su casa de verano. La fuerza del bramido de dicho automóvil no se correspondía con el desplazamiento suave y delicado que seguía para incorporarse a la línea de asfalto que le llevaba a tomar el ferry de regreso al continente.
La isla de Saaremaa está unida al resto del país mediante un barco que une los puertos de Kuivastu y Virtsu, media hora de viaje para recorrer los 7 kilómetros que separan la Estonia continental de la isla más grande de las 1521 que hay en total. Restaban menos de cinco minutos para arrivar al embacadero donde introduciría su coche hasta llegar al estómago del ferry cuando observó que las luces que su coche despedía eran reflejadas en un elemento metálico que se encontraba en medio de la carretera y que aparentemente se encontraba parado.
Encendió las luces de emergencia del coche y fue reduciendo poco a poco la marcha hasta que se detuvo por completo tras un automóvil plateado que era ocupado según se podía observar a través de los cristales por tres personas. Aparentemente no se observaban señales de violencia ni restos o evidencias que le hablasen de algún accidente, decidió bajar del automóvil y acercarse a la ventanilla del conductor. Ésta se encontraba completamente bajada por lo que no le resultó difícil observar el interior del vehículo.
Tres jóvenes perecían sin dar señales de vida, sentados en sus asientos como si no hubiese pasado nada pero con una inmovilidad que le mantenía intrigado y alerta. Tras unos segundos de inmovilidad absoluta decidió intentar despertar al zagal que se encontraba en la posición que correspondía al conductor, comenzó a deslizar la mano por la tapicería; ésta se encontraba a escasos milímetros del pecho del conductor cuando súbitamente se comenzó a escuchar un crujir de ramas secas, algún ser que se encontraba escondido entre los árboles caminaba lentamente pero con paso firme hacia él.
Esperaba en cuclillas que el espíritu de la noche tomase un camino distinto al que aparentemente estaba tomando, no quería ser asesinado en mitad de la noche, solo, con la única compañía de 3 chicos que todavía no sabía si estaban vivos o muertos, no era su final deseado, pero cada segundo que transcurría aumentaba el miedo y la aceptación del que conoce su destino final.
No podía ser, tenía toda la vida por delante, siempre había dicho a sus amigos que quería morir mayor y tras haber contado a sus nietos todas sus aventuras de joven, o por lo menos hacerlo como un héroe para ser ejemplo de las nuevas generaciones que vendrán. Ha decidido luchar y si tiene que morir que sea por salvar a estos jóvenes, aunque realmente no sabe si viven o no.
Los pasos se acercan, está agazapado esperando la distancia oportuna, el corazón comienza a bombearle la sangre de forma feroz, las venas han doblado su tamaño y su puño se ha cerrado con tanta fuerza que cualquier utensilio que hubiese podido tener en la mano se hubiese deformado en su interior, cada segundo el sonido del caminante se hace más audible, 3, 2, 1... es el momento de actuar.
Levanta el brazo y se abalanza sobre... nadie, el joven se encuentra parado abriendo el maletero, por suerte no ha existido el contacto y éste no se ha percatado del intento de agresión, cuando voltea su cabeza pregunta:
-¿Quién eres?, ¿qué haces aquí?
-Me he preocupado al ver un coche parado en la carretera y he bajado a ver que ocurría, ¿por qué estáis aquí?
-Estábamos en la cola del ferry y tras tres horas de espera decidimos echar una cabezada y coger el primero del día de hoy.
-Me habéis asustado, pensé que os había pasado algo.
-Pasarnos pasarnos... que no pensábamos que hubiese tanta gente y no reservamos el trayecto por internet.
-Bueno, pues mucha suerte, buen viaje, yo voy a coger también el primer barco.
-Gracias por preocuparte por nosotros.
-De nada, hasta otra.
-Adiós.
El vetusto motor comenzó a rugir alejándose de los jóvenes, la suerte ha evitado una desgracia que nuestro protagonista nunca habría podido olvidar.
Pues nada, ya sabéis, si viajáis a Estonia en verano y tenéis pensado conocer las islas más grandes del país existen dos opciones a la hora de afrontar el viaje de regreso en barco: hacer cola en un atasco que dura varias horas o comprar el billete por internet haciendo caso omiso de la hilera de coches y pudiendo acceder directamente al barco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Antes de volverte loco por culpa de toda la sinrazón que terminas de leer tienes el derecho de expresar tu opinión sobre este sinsentido.