Definitivamente creo que me estoy haciendo mayor. No voy a negar que siempre mi cabeza ha tenido más poder de decisión en mi vida que el que pudiese tener mi corazón, que siempre he temido ser yo mismo por el miedo a llevarme una desilusión, que todavía me arrepiento de las innumerables veces que no he hecho nada aun sabiendo que debería actuar para no perder definitivamente esa esperanza de convertir en realidad los sueños que habitaban en mi alma, pero debo decir que cada día que pasa observo que la razón, el raciocinio, la compostura... van aumentando su poder en mis acciones, que la espontaneidad va desapareciendo de mi vida, que aquellas aventuras irracionales que realizaba, siempre dentro de una mínima cordura que no me permitía actuar de forma que pudiese poner en riesgo mi salud ni la de las personas que me rodeaban, brillan cada vez más por su ausencia.
Como me imagino que sabrás ya voy teniendo una edad y debido a ese hecho la sociedad no me permite soñar despierto, ya no tengo la posibilidad de ilusionarme por nimiedades, ya no consigo eliminar ese sentimiento de tensión que ha ido introduciendo en mi ser el mundo en el que vivo, ese miedo y temor a la felicidad porque cuanto más arriba estés mayor será la caída, esa obligación a sufrir simplemente porque si no tenemos un problema este vendrá para eliminarnos de un plumazo toda la alegría que pueda existir en nosotros.
Lo siento, me niego a crecer, a madurar, a ser "viejo". Soy un chiquete y creo que nunca dejaré de serlo. No me puedo imaginar una vida en la que una sonrisa no tenga más capacidad de iluminación que el propio Sol, en la que una caricia no logre erizar todos y cada uno de los filamentos capilares que recorren mi cuerpo, en la que un Te Quiero pierda el significado real que tiene y no consiga que mi imaginación me invite a soñar con una vida de felicidad y de alegría, una vida perfecta, una vida junto a ti. No sería capaz, realmente no quiero, de dejar de creer en que todavía es posible conseguir que la palabra utopía pierda su significado para transformarse en sinónimo de realidad.
Soy demasiado joven, no lo puedo ocultar. Todavía soy capaz de ruborizarme con un simple Hola, aún sigo creyendo, al igual que Joaquín Sabina, en que un ojo pueda guiñarme una vida, continúo mostrando una estúpida sonrisa cada vez que observo que unos ojos me miran con un mínimo de dulzura, incluso pierdo la razón completamente, evadiéndome de la realidad, cada vez que pronuncias mi nombre enviando un dardo que nace de tus dulces labios y se clava en mi corazón consiguiendo hacerme olvidar que, aparte de ti, existe alguien más en el mundo.
Para qué engañarnos, soy demasiado viejo para continuar ciego y no ver o no sentir las injusticias, calamidades y problemas de este planeta, pero soy demasiado joven para pensar que no hay solución para dichos problemas, que no existe la posibilidad de conseguir que la Tierra sea un mundo mejor donde vivir, pero sobre todo, soy demasiado joven para no enamorarme cada día cuando, al levantarme, dudo si en realidad tú, que permaneces constantemente en mis pensamientos, eres un ser humano o por el contrario eres un ángel que se ha instalado como un okupa en el interior de un bello, luminoso e inmaculado cuerpo de mujer.
Ya veis todos, aquí está el pequeño homenaje prometido a la canción "Tan joven y tan viejo" de Joaquín Sabina. No intentéis buscar ninguna frase dentro de este escrito que aparezca en la canción, a excepción de la de: "apenas vi que un ojo me guiñaba una vida". Quizá retome esa frase en el futuro para crear un nuevo post, pero eso es otra historia que creo que ahora no concierne. Lo dicho siempre, no intentéis encontrar la realidad en mis escritos, simplemente disfrutadlos, o sufridlos según sea el caso, sabiendo que estos forman parte de una invención literaria, si se puede llamar así al "juntaletras" que yo hago.
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