Reflexiones y razonamientos sobre los temas trascendentales del periodo al que llamamos vida

19 de julio de 2010

Tallinn - No diga salud, diga Terviseks

Creo necesario explicaros la situación en la que me encontraba cuando me vino la idea de escribir este post.

Sábado 17 de julio, 10 de la noche hora estonia (9 de la noche para todos aquéllos que me estáis leyendo desde tierras hispánicas). Una pequeña mesa de madera adornada simplemente por una vela que desprendía una luz rojiza que ya quisiera Cupido que adornase todas las situaciones en las que debe trabajar. Alrededor de dicho cirio luminoso dos personas del sexo opuesto aposentados en un sofá lo suficientemente amplio para permitir la presencia de ambos con cierta comodidad pero con la conveniente estrechez para que el espacio que pueda existir entre los muslos de ambos individuos sea inexistente y que el roce que tiene lugar con cada mínimo movimiento sea percibido como una caricia interminable en la que experimentamos que podemos encontrarnos en el paraíso sin la necesidad de tener que perecer.

Todos los individuos que se encontraban en la habitación fueron pausada y paulatinamente desviando la atención de sus miradas ante el diván en el que nos encontrábamos como si un ángel les hubiese susurrado al oído la profecía de los acontecimientos que se iban a suceder sólo unos momentos más tarde, como si conociesen el desarrollo que iba a seguir la escena de teatro que tenían ante sus ojos al igual que cuando nosotros nos instalamos ante la pantalla de la televisión con un cubo de palomitas a la espera de verificar que los acontecimientos que hemos descubierto en el resumen de la película se suceden sin disparidad entre ellas.

Tras una ligera fricción que a simple vista era inexistente pero que ante el sentido del tacto fue tierna y delicadamente interminable, todos los infinitos filamentos que invaden mi constitución comenzaron a erizarse sin la cooperación de mi raciocinio, cada milímetro de mi epidermis se había transformado completamente y comprobaba que mi piel tenía la misma textura que se puede sentir al tentar un ave gallinácea. Necesité pellizcarme disimuladamente para abandonar mi sueño, pero advertí que era imposible  porque me encontraba en el paraíso sin necesidad de que la muerte se hubiese citado conmigo, sin necesidad de que Dios hubiese decretado que en dicho momento mis días en el mundo terrenal habían terminado, estaba viviendo un momento perfecto en un instante que sentía interminable.

Elevé la mirada en un tempo musical que denominaría lentissimo molto longo hasta que mis retinas tropezaron con un resplandor que atraía mi vista cual imán atrae todo elemento metálico que osa acceder a su campo magnético. Una mirada luminosa había atravesado y destruido toda la fortaleza defensiva de mi raciocinio para instalar una bandera en mi corazón y señalar que éste había sido conquistado al igual que un montañero hunde su estandarte en la cima de una montaña por esa misma razón.

Había perdido el sentido temporal íntegramente cuando un ligero tintineo me arrancó de la extrema felicidad sin siquiera haberme pedido permiso. Dos copas habían colisionado mientras un susurro llegaba a mis oídos consiguiendo que entrase en razón y repitiese mecanicamente las palabras que nacían de éste; "TERVISEKS" decía yo sin llegar a comprender que esa dulce y melosa mirada sólo pertenecía a una costumbre que se repite una y otra vez siempre que dos personas van a realizar un brindis.

A partir de ahora ya sé que cuando la gente choca sus copas para desearse buena suerte, debo mirar a los ojos de la persona que tengo enfrente. Esto no lo debo hacer porque sea especial ni porque mi corazón deje de palpitar cada vez que escucho su delicada voz, sino porque forma parte de una tradición que no tenemos en España y que creo que deberíamos adoptar para transformar en un momento personal y de intimidad, en algo único, un simple choque entre dos copas.

Bueno, hoy hemos aprendido dos cosas:
-Salud en estonio se dice Terviseks. Si escucháis esta palabra no os hagáis ilusiones debido a la última parte de ésta, porque todas las esperanzas que os pudieseis crear serían infundadas.
-Si llegáis a este país y alguien que no sea español levanta una copa para brindar con vosotros debéis de dirigir vuestra vista hacia sus ojos porque si no, esa persona puede sentirse ofendida ante dicha falta de respeto.

Habiendo explicado esto, debo decir que estoy profundamente triste porque ese destello que creí haber visto era un simple movimiento mecánico que una amiga realizó sin sentimiento ninguno, un acto reflejo que ni siquiera percibió, un gesto insignificante de sus ojos que me llevaron a un tremendo error, O NO.

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